Durante años, el empresario venezolano aprendió a sobrevivir. Pero sobrevivir y estar preparado para crecer no son la misma cosa.
La dinámica empresarial de nuestro país obligó a desarrollar capacidades que probablemente no estaban en ningún plan estratégico: adaptarse rápidamente, reducir estructuras, renegociar constantemente, operar con incertidumbre y proteger el flujo de caja casi como una obsesión.
Muchas de esas decisiones fueron necesarias.
El problema aparece cuando una organización permanece demasiado tiempo funcionando bajo una lógica de supervivencia. Porque llega un momento en el que la prudencia, que durante años fue una virtud, puede convertirse en una limitación si comienzan a aparecer nuevas oportunidades.
Hace poco, conversando con un empresario vinculado al sector petrolero, surgió una preocupación que me pareció particularmente interesante.
Ante la posibilidad de una mayor actividad en el sector, su inquietud no era solamente si llegarían nuevas inversiones o proyectos. Su pregunta era otra:
¿Existirán suficientes empresas venezolanas preparadas para atender esa demanda?
La pregunta me quedó dando vueltas.
Porque durante mucho tiempo hemos hablado de cuándo volverá a crecer la economía, cuándo regresarán determinadas inversiones o cuándo aparecerán nuevas oportunidades.
Pero quizás existe una pregunta anterior que deberíamos hacernos:
¿Están nuestras empresas preparadas para crecer nuevamente?
Crecer exige una empresa diferente
Una empresa puede estar perfectamente preparada para sobrevivir con su operación actual y, al mismo tiempo, no estar preparada para duplicarla.
Crecer pone a prueba prácticamente todo.
Pone a prueba los procesos.
Pone a prueba a las personas.
Pone a prueba los sistemas.
Pone a prueba la información financiera.
Pone a prueba la capacidad de los líderes para delegar.
Y pone a prueba algo todavía más importante: cuánto depende realmente la organización de unas pocas personas para funcionar.
Cuando una empresa es pequeña, muchas ineficiencias pueden esconderse detrás del esfuerzo extraordinario de su gente.
El dueño resuelve.
El gerente recuerda.
Alguien lleva un Excel paralelo.
Otro sabe cómo funciona ese proceso que nunca quedó documentado.
Y mientras el volumen de operaciones sea manejable, el sistema parece funcionar.
Hasta que llega el crecimiento.
Entonces lo que antes era una pequeña ineficiencia comienza a convertirse en un cuello de botella.
También está cambiando el entorno
Prepararse para crecer tampoco significa solamente estar listo para vender más.
Significa construir una empresa más ordenada, con procesos, controles e información capaces de soportar una operación mayor.
Incluso la relación entre las empresas y la administración tributaria está evolucionando. La digitalización, la interconexión de información y nuevas formas de control y fiscalización hacen cada vez más importante que exista coherencia entre lo que ocurre en la operación, la contabilidad y las finanzas de la empresa.
La tendencia es clara: las organizaciones necesitarán mayor trazabilidad, información más confiable y procesos mejor estructurados.
Por eso, una empresa preparada para crecer no puede depender de información dispersa, procesos improvisados o decisiones que solamente existen en la cabeza de sus dueños.
Y esto no es únicamente un asunto tributario.
Es un asunto de gestión.
Prepararse antes de que llegue la oportunidad
Uno de los errores más frecuentes es intentar construir capacidad después de que aparece el crecimiento.
Contratamos cuando ya estamos desbordados.
Organizamos los procesos cuando ya comenzaron los problemas.
Implementamos sistemas cuando los Excel dejaron de funcionar.
Delegamos cuando el dueño ya no puede atender todo.
Buscamos indicadores cuando empezamos a perder control.
Pero la capacidad empresarial difícilmente se construye de un día para otro.
Prepararse significa comenzar antes.
Revisar procesos.
Desarrollar personas.
Construir equipos capaces de tomar decisiones.
Integrar la información.
Incorporar tecnología donde realmente genere eficiencia.
Fortalecer los controles.
Y, sobre todo, construir una organización que pueda crecer sin que cada incremento de actividad produzca un incremento equivalente del caos.
De sobrevivir a construir
No sabemos exactamente cuál será la dimensión de las oportunidades que tendrá Venezuela durante los próximos años.
Y sería irresponsable asumir que todos los problemas de nuestra economía han desaparecido. Todavía existen razones suficientes para mantener prudencia, disciplina financiera y capacidad de adaptación.
Pero prudencia no debería significar parálisis.
Después de tantos años administrando incertidumbre, quizás uno de los próximos desafíos del empresario venezolano sea recuperar una capacidad que durante mucho tiempo quedó en segundo plano:
la capacidad de prepararse para crecer.
Porque las oportunidades no siempre avisan con suficiente anticipación.
Y cuando llegan, normalmente favorecen a las organizaciones que ya habían comenzado a construir las capacidades necesarias para aprovecharlas.
Durante años nos preguntamos cuándo volverían las oportunidades.
Tal vez ha llegado el momento de cambiar la pregunta:
Cuando esas oportunidades lleguen a nuestra puerta, ¿encontrarán una empresa preparada para aprovecharlas?